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11 julio, 2008

Murió el poeta Eugenio Montejo (1938 – 2008)


Uno de los más grandes poetas que ha tenido Venezuela, en toda su historia literaria, ha cambiado la dirección de su mirada. Se ha ido “como del rayo” para abonar la tierra que lo disfrutó como estudiante, poeta y creador de un lenguaje propio, multiplicado y único. Escribió mucho, rítmica e intensamente a través de varias voces que lograban ser a la manera de otras muchas voces. Escribió Elegos en 1967, Muerte y memoria en 1972, Algunas palabras en 1977, Terredad en 1978, Trópico absoluto en 1982, Alfabeto del mundo en 1986, Adiós al Siglo XX en 1992, Guitarra del horizonte, en 1993 (firmado por su heterónimo Sergio Sandoval), El hacha de seda, en 1995 (firmado por su heterónimo, el sueco Tomás Linden), Chamario, en 2003 y Fábula del Escriba en 2006. De su escritura de ensayos se pueden anotar La ventana oblicua en 1974, El taller blanco, en 1983, y El cuaderno de Blas Coll en 1981, atribuido a su heterónimo, el tipógrafo Blas Coll.
Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1998 y el premio Octavio Paz, en México, en 2004.
De este poema, tomado del libro Fábula del escriba, editado en Valencia (España) por Pre-Textos, 2006, observamos a Eugenio Montejo configurado en pájaro que vuelve y ya no pide nada, sin otra faena que achicarnos las sombras con el ávido milagro de su eterna palabra.

De aire en aire
Cuando el pájaro vuelve
porque la tarde cae
y llega al árbol.
Cuando se quita el vuelo de las alas
y lo cuelga en la rama,
él, que tanto fue y vino
de aire en aire;
él, que no espera de la tierra
ni una vuelta de más o de menos
y no pide ya nada.

Cuando retorna a su silencio
de leñador sin bosque
y guarda el hacha,
el hacha errante de sus plumas
y su canto.
Ya no le queda ahora más faena
sino afrontar la noche
de negra tinta solitaria,
hasta que de la sombra vuelva el día
y su ávido milagro.