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28 julio, 2015

Recordando el Natalicio de nuestro epónimo "José Manuel Siso Martínez"


José Manuel Siso Martínez

José Manuel Siso Martínez, fue un relevante educador venezolano. Nació en Upata, el 28 de julio de 1918. Su educación primaria la realizó en Upata, Estado Bolivar y el bachillerato en Caracas donde se graduó en el liceo “Fermín Toro” (1941).

Sus estudios superiores los efectuó en el Instituto Pedagógico de Caracas donde  obtiene el título de profesor de secundaria y Normal en la especialidad de Ciencias Sociales (Geografía e Historia) y en la Universidad Central de Venezuela donde cursó y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Políticas.

José Manuel Siso Martínez participó en diferentes actividades culturales y gremiales. Fue fundador y miembro activo del Colegio de Abogados; también colaborador de revistas y periódicos a escala nacional.

El ilustre educador, político, escritor y abogado recibió infinidades de honores y condecoraciones constituyendo las más importantes: “Orden Libertador” en el grado de Gran Cordón, (1964); la “Gran Cruz de la Orden al Mérito” Chile, (1967); la “Orden Andrés Bello”, clase Banda de Honor, (1969). Falleció el 12 de mayo de 1971.

Alguna vez expresó: “Vivimos en una sociedad en proceso dinámico. Se requiere la incorporación a nuestra educación de la técnicas más desarrolladas y una continua evaluación que nos permita una exacta idea de cómo se están formando los valores que requiere esta transformación y la elaboración de metodologías para diagnosticar en forma sincera nuestra educación y nuestros recursos”.

El Instituto Pedagógico de Miranda José Manuel Siso Martínez tiene una sede en La Urbina, en donde se encuentran las autoridades y las Unidades administrativas centrales y dos Extensiones en Río Chico y Nueva Cúa, por lo que atiende una gran extensión del estado Miranda.

 Unidad de Información y Relaciones Públicas



En ocasión del Natalicio de José Manuel Siso Martínez, es oportuno compartir el Discurso de Orden del primer Acto Solemne de Grado que llevó como epónimo el nombre del ilustre Maestro, llevado a cabo en el año 1971, pronunciado por el hoy destacado fronterólogo, embajador y escritor Dr. Kaldone Nweihed .



Sigue leyendo y encontrarás el siguiente contenido:

- Programa del Acto de Grado de los integrantes de la Promoción José Manuel Siso Martínez del Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio.

- José Manuel Siso Martínez, como historiador, nos ha dejado otros trabajos además de su historia: La Enseñanza de la Historia en Venezuela y El Paisaje Histórico de don Francisco de Miranda.

- Nómina de los Integrantes de la Promoción José Manuel Siso Martínez, graduados el 6 de agosto de 1971

DISCURSO DE ORDEN A CARGO DEL
LICENCIADO KALDONE G. NWEIHED
6 de agosto de 1971

Llevar la palabra en un acto académico de grado es un honor y compromiso: honor, porque confirma la alta medida de confianza que el grupo deposita en uno de sus miembros; y compromiso, porque este miembro acepta la responsabilidad de exteriorizar los pensamientos, los sentimientos, las emociones y las inquietudes de todos al tratar de que su voz sea el eco fiel de la voz del conjunto y de que sus palabras reflejen la actitud de la promoción.

Me honra y me compromete este deber que me han confiado los compañeros profesores integrantes de la Promoción “Dr. J.M. Siso Martínez” que hoy egresa del Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio en tres especialidades a nivel de Educación Media: Geografía e Historia, Matemáticas y Física, e Idiomas Modernos.

Van nuestras palabras primiciales a expresar un profundo sentido de gratitud a todas las personas y entidades públicas y privadas que han contribuido a que estos estudios por nosotros realizados se hayan cristalizado hoy en este solemne acto académico que conlleva la entrega de los respectivos títulos profesionales a los integrantes de esta promoción. Este agradecimiento se manifiesta a nivel oficial y profesional al reconocer la valiosa actitud de compañeros de labores y de los directivos de nuestros liceos e institutos, extensiva a los supervisores regionales y nacionales, quienes han sabido apreciar el doble esfuerzo que hubo de significar el cumplimento con el trabajo aunado a la realización de estos cursos quinquenales. Llega nuestra voz de aprecio y de reconocimiento a los directivos, profesores y personal del Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio y quienes dirigen, planifican y evalúan estos cursos; así como al Instituto Pedagógico Nacional y al Liceo Gustavo Herrera en Chacao, ya que los cursos directos se dictaran a través de cuatro años consecutivos en el primero, y el seminario técnico-docente del último año se llevara a cabo en el segundo.

Nuestro reconocimiento trasborda los límites de los institutos educacionales específicos que se relacionan con nuestra carrera pedagógica y llega- diáfano y sincero- a la misma nación venezolana y al Estado de Derecho que ella ha sabido elegir concediendo al magisterio una serie de beneficios que, no obstante una efímera tirantez hoy, una huelga ayer, una posible crisis mañana, siguen siendo beneficios directos y logros reales, posibles y debidos, en la esencia, de las cosas, a la existencia en Venezuela de un Estado de Derecho y de un sistema parlamentario democrático.

Otra gran cuota de cariño y amor la debemos integérrima en el círculo familiar y social a los seres queridos que nos rodean: cónyuges, hijos, padres, parientes y amigos y quienes, al prestarnos su apoyo moral y su comprensión habían entendido que la realización de estos cursos involucraba el sacrificio de cuatro vacaciones anuales. Así supieron ellos agregar este invisible aliciente espiritual que necesitan todas las empresas materiales e intelectuales y sin el cual el hombre se convertiría en un autómata cibernético despojado por sí mismo de los ideales que a través de la gloria del espíritu lo han rescatado de las cavernas de sus antepasados, para elevarlo a las cumbres de su autorrealización humana.

Este encargo que me han confiado los compañeros integrantes de la Promoción “Dr. J.M. Siso Martínez”, ha tenido el corolario de colocarme ante la incierta bifurcación de escoger entre un discurso de rigor y un discurso contentivo de algún mensaje. Este año -el tercero en que del Instituto de Mejoramiento egresa una promoción a nivel de Educación Media- contamos con colegas especializados en Castellano y Literatura para que nuestras palabras de despedida sean las más adecuadas. Serán, por ende, mis palabras las portadoras de un mensaje social y pedagógico, que si bien han de carecer de la belleza de la retórica y del inigualable instructivo de la lírica, no por ello dejarán de ser un modesto vehículo a través del cual veintitrés educadores harán llegar su voz a la comunidad educativa rindiendo homenaje el titular de la Promoción y recordando los infortunios y la peripecias del educador en ejercicio, anteriores a las nuevas conquistas que arrancan de la Renovación Pedagógica de 1936.

Caerán, pues, las palabras de este mensaje en tres áreas dentro de un mismo conjunto. Primero: un póstumo, cálido y sincero homenaje a quien fuera en vida el doctor y profesor José Manuel Siso Martínez, el epónimo de esta Promoción, a quien es y será para Venezuela una de las más valiosas cifras que sus letras y ciencias sociales han aportado a la posteridad. Segundo: cabe otro homenaje bien merecido al maestro abnegado y anónimo, al educador cumplido, al profesor autodidacta que durante muchas décadas y antes de la Renovación de 1936, y quizás por unos años más, fue, ha sido y es uno de los pilares robustos y probos de nuestro sistema educacional. Tercero: es deber justo y leal reconocer la gran labor rendida por nuestro Instituto Pedagógico, por las Escuelas Universitarias de Educación por el Instituto de Mejoramiento en el cumplimiento de la impostergable tarea de dotar al país de profesionales graduados en el campo de la Pedagogía.

Fue el principio del quinquenio en que nuestro ilustre epónimo ocupara la cartera de Educación en el gabinete del ex Presidente Dr. Raúl Leoni que la sección de profesionalización de la Educación Media comenzara a funcionar en este Instituto de Mejoramiento Profesional. Cinco años estuvo el Dr. Siso Martínez al frente del despacho, cumpliendo una labor fructífera y digna que le mereció el aprecio del magisterio. Llevó al despacho ministerial su espíritu ecuánime y sus criterios firmes, pues siempre fue Siso Martínez un hombre de sólidas ideas y hondas convicciones. Abierto al diálogo y dispuesto a escuchar, nunca, empero, transigió en lo que consideraba parte de su patrimonio moral o de su credo democrático. Fue Siso Martínez abogado de la República, profesor de Ciencias Sociales, historiador ensayista e insigne hombre de letras. Entre tantas vocaciones y actividades fueron la Pedagogía y la Historia las que mayor influencia ejercerían sobre su trayectoria. Como político supo respetar las ideologías opuestas a la suya e hizo que sus adversarios se la respetaran. Nunca cayó en los enredos de la polémica ni se dejo llevar por el sectarismo o por el egoísmo; mas nunca cejó un ápice en defender lo que él creía justo y recto. Así transcurrió su actuar público en tres décadas pletóricas de acción y llena de vicisitudes: siempre firme y sólido como el robusto macizo guayanés que se yergue detrás de la apacible Upata, la población que le vio nacer.

El padre de familia que fue el Profesor Siso Martínez lo conocemos, entre otros medios, a través de las dedicatorias que aparecen en sus distintas obras. En 1947, recién llegado de su hogar guayanés, dedica sus ensayos intitulados Poetas, Saturninos y Maestros a su querida abuela con la siguiente frase: “A mi abuela Sandalia, al devolverle el lirismo que sembró con sus versos”. Este ensayo fue calificado como “la expresión de la generación del 36 que, a su vez, fue la expresión de la cultura que quiso nutrirse de la savia de la tierra, alabándose en la misma, como los árboles copudos", cita de la nota que, a guisa de prólogo, escribiera el doctor Julio Febres Cordero. En cambio, su obra de casi 660 páginas Historia de Venezuela la vemos encabezada con la siguiente dedicatoria: “A la memoria de mi padre, José Manuel Siso, quien me enseñó a amar la dramática y apasionada historia venezolana”. Regresa Siso Martínez del exilio mexicano y publica en 1960 sus ensayos bajo el título Los Momentos Estelares en homenaje al sesquicentenario de la independencia y aquí lo vemos citar a sus hijos al escribir: “A Sandro, Gerardo, Juan Manuel y José Manuel; este pequeño libro de vigilia y pasión venezolana.”

Y cuando llegamos a su última obra intitulada Mariano Picón Salas y publicada un poco antes de su prematura desaparición, lo observamos dedicar su obra con ternura y amor a su amada. En el hondo de sus ser brota un cristalino manantial de lealtad al mirar, desde su morada capitalina, la cumbres merideñas de Picón Salas. Hace que el linotipista le coloque un punto solitario en medio de la línea y vuelve a pagar lo que consideraba otra deuda más. Y escribe: “A la memoria de Antonio Pinto Salinas, merideño como él, quien también pastoreó nieblas y sueños”

Esta lealtad era típica del hombre. Lealtad en vida y después de la muerte.

Siso Martínez el historiador nos ha dejado otros trabajos además de su historia: La Enseñanza de la Historia en Venezuela y El Paisaje Histórico de don Francisco de Miranda

Murió antes de cumplir los cincuenta y tres años en pleno apogeo literario y humano, allí en Houston, Texas, a donde había llegado para consultar a sus cardiólogos.

Lo conocí en vida y le oí hablar en una noche cálida bajo el cielo estrellado de Maracaibo. Había llegado con su colega el ministro de Relaciones Interiores en una gira administrativa por el Zulia, al principio del año 1965. El magisterio zuliano aprovechó su visita para ofrecerles agasajo. Esa noche nos habló Siso Martínez, no como ministro sino como educador, y el rostro serio se iluminaba de optimismo cuando se refería a las esperanzas patrias. Ese discurso no se grabó. Pero aún recuerdo el contenido de uno de sus mensajes de esa noche al decirnos que el maestro nunca vive para ver su obra terminada: “Lo que Uds. hacen es para sus hijos y lo que Uds. siembran los cosechan los que vienen atrás.”

Palabras graves de tono -diríase- profético, dichas por un maestro que no tardó en partir. Siso Martínez, como todos los educadores venezolanos de todos los grupos y tendencias, sí verá el éxito de esta gran obra desde los capítulos venideros de la historia de Venezuela que él no alcanzó a escribir. Fue el magisterio venezolano sin distingos ideológicos que exteriorizó la proposición de que todas la promociones pedagógicas de 1971 llevaran su nombre; y el gobierno democrático y constitucional presidido por el eminente universitario e ilustre jurista, Dr. Rafael Caldera, le imprimió a esta justa aspiración las características positivas, de una resolución ministerial. Señoras y señores, estamos orgullosos del nombre de José Manuel Siso Martínez.

La Venezuela en que naciera el maestro abnegado y autodidacta data de los años iniciales de la República. Nuestro epónimo nos explica en su historia cómo le faltó a la oligarquía para ir transformando las relaciones económicas que subsistían de la Colonia. El también ilustre historiador Augusto Mijares califica esa época de tiránica y desesperante, no solamente en Venezuela sino en toda la América española. Le tocó al eminente historiador y sociólogo, doctor J.L. Salcedo- Bastardo acuñar el término “contrarrevolución” para designar el largo siglo comprendido entre 1830 y 1935 cuyos rasgos sobresalientes podemos inferir de los encabezamientos de los capítulos de su Historia Fundamental de Venezuela: El caudillismo negador; Burla agraria y latifundio; Quiebra de la unidad; Las Autocracias; Desolación Física; Ruina humana; Decadencia Ética; Dispersión Intelectual; entre otros.

A lo largo y lo ancho de esta patria sojuzgada se pudo mantener la continuidad del proceso educativo gracias a tres factores que luego se verían reforzado por los limitados alcances del Decreto de Instrucción Obligatorio dictado por Guzmán Blanco el 27 de junio de 1870. En primer término, fueron los nobles y recios valores de la familia venezolana que, a falta de la escuela institucionalizada, supo transmitir una educación difusa de origen hogareño que reflejaba las altas cualidades humanas inherentes a la democracia social venezolana. Segundo, fueron los selectos estudios ofrecidos por las Universidades cuando no sufrían de vejamen del déspota de turno, a la clase terrateniente y dirigente en ese entonces. Tercero, fueron el maestro de nuestro pueblo o de la parroquia, el pedagogo autodidacta, el profesor sin título, a veces el ministro religioso o el profesional universitario atraído por la docencia convirtiéndose todos en el indispensable eslabón que siempre ha requerido el proceso educativo para preservar la continuidad social del hombre civilizado.

Preparar maestros para la escuela fue al principio y en todas las sociedades más vocación y voluntad que entrenamiento y capacitación. Y así fue al comienzo en Venezuela; concretándonos al menos, entre el año 1870 que viera el impulso dado por Guzmán, pese a sus limitaciones y el año 1936 que marca la Renovación Pedagógica anunciada, entre otras medidas por la acertada celebración de la Primera Convención Nacional del Magisterio y por la creación del Instituto Pedagógico Nacional.

Es justo y meritorio detenernos un poco ante la memoria de algunos de nuestros maestros y profesores de la escuela autodidáctica en el campo pedagógico, reconociendo con impotencia y resignación la imposibilidad de mencionar a todos. No se trata de elaborar un índice onomástico de estos valores; baste con comprender el espíritu que los animaba.

Venezuela es un país cuya historia social y política está íntimamente entrelazada con el hecho educativo. Es la tierra natal de quien fuera la figura eximia del humanismo, del derecho internacional y de la pedagogía universitaria en la América Hispana: don Andrés Bello. Y por otra parte, este año marca el bicentenario del nacimiento del más grande de los autodidactas de Venezuela y el maestro de su máxima figura nacional. Son palabras inolvidables que el Libertador escribe dese Pativilca a don Simón Rodríguez y que conocen todos nuestros alumnos de memoria: "usted formó mi corazón para la libertad". Simón Rodríguez no improvisaba su actuación pedagógica: leía a Rausseau, Montesquieu, Fröbel y Pestalozzi y a él se debe la concepción de dos hechos fundamentales de la filosofía educacional de nuestros tiempos: la idea del Estado docente y la proclamación de una educación para el desarrollo. El doctor Arturo Uslar Pietri en un artículo escrito para el diario El Nacional, el 23 de febrero del año en curso cita al pedagogo trotamundos cuando dijo: "una revolución política pide una revolución económica".

Siete años antes de la promulgación del decreto de Guzmán, don Egidio Montesinos funda en el Tocuyo, el ahora centenario Colegio La Concordia. Quiso, a través del bello nombre, contribuir a restañar las heridas que dejara la Guerra Federal. ¿Cuándo olvidarán los larenses a su egregio maestro que supo darles lo que el gobierno les negó al sembrar La Concordia en el valle del Tocuyo?

¿Y qué no dicen los llaneros del poeta y pedagogo Eduardo Méndez, hijo de la docta Aragua de Barcelona, quien introdujera el método de "enseñar deleitando" convirtiendo sus clases de geografía e historia en viajes a remotas latitudes, a campos de combates y cortes principescas?

Y siempre recordará la gente de Carabobo a la contemporánea y nonagenaria figura del maestro José Andrés Castillo. Víctima de un zarpazo asestado ala Universidad de Valencia por el gobierno de Castro, vuelca su amor sobre el campo de la educación. Hoy lleva su nombre el liceo oficial de Montalbán, su región nativa. y Muy cerca de él la gente del Yaracuy recibían las luces que les daba, allá en el Valle Verde, el gran "Bachiller" Trinidad Figueira.

En los altos y fríos parajes andinos, suena con decoro y respeto el nombre del Bachiller Ramón Vera, quien desde su morada en La Grita, inculcara los conocimientos a futuros dirigentes y hombres públicos de los Andes, los mismos que él recibiera del bien recordado Monseñor Jáuregui. Discípulo del Bachiller Vera fue el Bachiller Félix Ramón Duque, epónimo del Liceo de Tovar.

Los zulianos también recuerdan a sus grandes ductores en esta época negadoras para la educación venezolana. Hermágoras Chávez, el poeta Octavio Hernández y el Bachiller César Andrade entre otros, supieron legar a sus discípulos esa ansia del saber y del educar que les consumía.

Y de Oriente nos llega la tradición cultivada en las orillas del Manzanares por el siempre recordado Don José Silverio González. Nos cuenta el profesor Miguel Ángel Nudarra en su libro Cultura Sucrense que en 1880 se reinstala en Cumaná el Colegio Nacional bajo su rectorado civilizador. Llega el Bachiller Cádido Ramírez y ofrece sus servicios, gratuitamente, para dar clases de solfa.

Caracas también aportó su cuota a esta oferta genuina, límpida y silenciosa con que los educadores pretendían llenar un vacío que hubo de durar hasta la Renovación. Maestros abnegados y cultos, profesores sabios y justos, desempeñaron funciones docentes por vocación y amor. ¿Y qué ejemplo más brillante y qué cifra más extraordinaria se podrá mencionar que no sea el gran novelista de las letras hispanoamericanas, don Rómulo Gallegos, elevado por el sufragio popular a las alturas de la presidencia constitucional de la República?

Al lado de estos educadores abnegados, una legión de doctores graduados en varias carreras universitarias no pudieron resistir el llamado del aula: Luis Espelosín fue médico e ingeniero pero ente de todo maestro; Agustín Aveledo ingeniero matemático es una institución educacional; en Cumaná el doctor Badaracco Ramírez fue médico y docente; Mario Briceño Iragorry no se apartó de las cátedras vinculadas a la nacionalidad y Jesús Enrique Lossada, rector de la Universidad del Zulia después de su reapertura, había sido el director y profesor eximio del Liceo Baralt.

Muchos de los educadores nombrados vivían y ejercían cuando se produjo en Venezuela la Renovación Pedagógica que previó, entre otras metas, la completa profesionalización de la docencia, tanto en Primaria como en la Educación Media. Desde 1936, el país quiere salvar en poco tiempo las ventajas que la Argentina, por ejemplo, había consolidado en el siglo pasado bajo Sarmiento. Nos dice al respecto la educadora tachirense Luz Vivas Terán de Rubio que “Venezuela se consagra a esta empresa cultural cuando casi todas sus hermanas de América latina la han adelantado”. Entre las medidas justas e irreprochables, figura el Artículo 138 de la Primera Ley de Educación decretada en 1940 y en virtud del cual profesores en ejercicio obtuvieron el título mediante la presentación de un trabajo académico. El Instituto Pedagógico fue objeto de una reforma de fondo en 1947 permitiéndose nuevos adelantos en las técnicas empleadas y ensanchando el ámbito de las especialidades. El entonces ministro de Educación y uno de los principales arquitectos de la Renovación, Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, compareció ante el Congreso el 19 de octubre de 1948 para rendir un informe detallado sobre nuestro Instituto Pedagógico que para ese entonces tenía ochocientos inscritos.

Nuevas técnicas de enseñanza revolucionan los sistemas antiguos: se enuncia la matemática moderna, el inglés se basará en el enfoque oral, las ciencias biológicas exigen complicadas ayudas audio-visuales y hasta la gramática se aleja de sus causes tradicionales. El profesor graduado no solamente tiene un título; conoce además la didáctica de su asignatura.

Mas, si bien se inicia el proceso de la profesionalización de la Educación Media y cada año aumentan los profesionales, la explosión demográfica del país y la consiguiente masificación de la educación a su vez aumenta el número de profesores no graduados: algunos son maestro normalistas, otros son bachilleres o técnicos y no faltan universitarios de otros dominios no pedagógicos. Lamentablemente, el profesor no graduado de la era petrolera no es siempre el heredero del educador de antes. Y entre los graduados también hay quien haya visto en la educación una carrera que produce dinero, y no una misión. Hay un cambio de valores y un proceso que tiende a despersonalizar a la educación. Aún no hemos llegado a las álgidas computadoras; sin embargo, una línea divisoria se corre inevitablemente entre educadores graduados y educadores no graduados en pedagogía, a los cuales la ley clasifica como idóneos al reconocerles explícitamente su idoneidad, condición que está sobreentendida en el titular.

Reglamentado por el Decreto 145 del 11 de septiembre de 1959, este Instituto había graduado para 1964 a más de 15,000 maestros y maestras de Primaria en todas las regiones del país. Se abocó a la formacion de personal directivo idóneo y al perfeccionamiento de maestros normalistas. En 1964 culminan las gestiones por hacer extensivo este beneficio a los educadores a nivel de Educación Media. Son loables los esfuerzos desplegados por la Federación Venezolana de Maestros, especialmente los anunciados a raíz del Consultivo celebrado en San Fernando de Apure. El 6 de marzo de 1964, casualmente una semana antes de que nuestro epónimo de promoción asumiera el Despacho, su predecesor, el Dr. Leandro Mora dicta el Reglamento correspondiente por disposición del entonces presidente de la República, don Rómulo Betancourt.

Ha sido, sin duda, muy amplia la labor del Mejoramiento Profesional a nivel de Educación Media, mas nos compensada por los resultados. La inscripción inicial fue abrumadora, mas no así las promociones. Hasta ahora han egresado 150 profesores graduados, y esta cifra no deja de causar mucha preocupación. No es éste el momento más adecuado para insinuar las posibles causas de nuestra poca productividad en términos económicos, mas sí estamos dispuestos a dar nuestro aporte sincero y leal elevando a la autoridades competentes lo que por experiencias vividas creemos sea la causa de estas deficiencias; me refiero a los que constituimos esta promoción. Nos preocupa e interesa la suerte de los compañeros que vienen escalando, pues consideramos que este grado no nos desvincula de ellos sino al contrario nos facultará para exponer sus justas razones a nivel gremial y oficial.  

Estimados educadores; señoras y señores:

Antes de concluir es propicia la oportunidad para recordar a los colegas, precisamente en un momento como éste en que la intensidad de la emoción aleja la realidad, que nosotros los educadores, lejos de estar viviendo los mejores días de la educación venezolana, estamos más bien atravesando por una permanente crisis, que no es el producto de acontecimientos aislados y efímeros sino características de todas la sociedades desarrolladas o en desarrollo. A la mente me vienen claras, resonantes y elocuentes las palabras con que le Rector de la Universidad Simón Bolívar, doctor Ernesto Mayz Vallenilla iniciara su clase magistral en enero de 1970: “No son risueños, ni apacibles, ni transparentes los tiempos que vivimos”. El Rector, doctor en Filosofía, califica como vulnerable en nuestros tiempos las tres instituciones que el hombre había erigida: la religiosa, la política y la educativa.
Los educadores estamos directamente comprometidos con el hecho educativo y no podemos soslayar nuestras responsabilidades, nuestro deber no concluye con este acto académico que conlleva la entrega de un título profesional en el campo pedagógico. Es precisamente hoy cuando se resume el debate y aquí donde se reinicia la marcha. Esta pausa de cinco años ha servido para fortalecer conocimientos, renovar promesas y rescatar esperanzas. Solos no podemos resolver esta crisis permanente que se cierne sobre la sociedad, que invade el hogar, que sacude la Universidad, que cuestiona las instituciones y que penetra en la conciencia misma del hombre. Mas sí podemos agregar nuestro granito de arena, tal como lo hemos hecho ayer; sólo que mañana lo haremos con más autoridad moral basada en esta incondicional adhesión nuestra a lo jurídico. Los integrantes de esta Promoción Dr. J.M. Siso Martínez siempre estarán presentes: sus voces en las aulas, sus rostros frente al alumnado, sus manos abiertas en señal de ofrecer su modesta pedagogía a las nuevas generaciones. Renovada aquí y revalidada ahora, servirá para que alguna voz juvenil, llena de inquietudes, nos susurre al oído estas lindas palabras que han mantenido fulgurante la antorcha del saber en manos del hombre, por tanto y tantos siglos, como por magia alucinante: “Gracias maestro. Gracias profesor por lo que usted me ha enseñado”.

Transcribimos, a continuación, el Programa del Acto Solemne de Grado y la Nómina de graduandos del año 1971

PROGRAMA QUE SE DESARROLLARÁ EN EL ACTO DE GRADUACIÓN DE LOS INTEGRANTES DE LA PROMOCIÓN “JOSÉ MANUEL SISO MARTÍNEZ” DEL INSTITUTO DE MEJORAMIENTO PROFESIONAL DEL MAGISTERIO

  1. Apertura del acto a cargo del Prof. Antonio José Medina, Jefe del Departamento de Educación Media del IPMP
  2. Solicitud de Grado a cargo de la alumna Josefina de Colmenares
  3. Palabras del Profesor Luis Felipe Medina, Director del IMPM
  4. Entrega de Diplomas y de Constancias a los integrantes de la Promoción
  5. Palabras a nombre de los graduandos. Hablará el alumno Kaldone Nweihed
  6. Clausura del Acto. Palabras del Representante del Ministerio de Educación: Habló el Ministro, Dr. Enrique Pérez Olivares

NOMINA DE LOS INTEGRANTES DE LA
PROMOCIÓN “JOSÉ MANUEL SISO MARTINEZ”
graduados el 6 de agosto de 1971:

  1. MATEMÁTICA Y FÍSICA
Anzoátegui Seijas, Pedro Antonio
Colmenares, Josefina Mendoza de
Giménez Giménez, María Nyobe
López Berroterán, José Vicente
Márquez Romero, Armando Ramón
Moncada Morales, Eleuterio
Noriega Mago, Luis José
Rodríguez Villegas, José Narciso
  1. GEOGRAFÍA E HISTORIA
Briceño Contreras, Pedro Germán
Delgado, Luis
Ferrer Ferrer, Tulio José
González, Mercedes Hernández de
López Noguera, Aura Marina
Osorio, Serafín
Pereira Ramírez, Mario
Sánchez, Luis Beltrán
  1. IDIOMAS MODERNOS
Arce, Corina Evangelina Alcalá de
Arispe Meleán, Arévalo
Brisigotti Nanni, Dino
Cardelle Garea, María
Flores, Ana de Jesús Núñez de
Nweihed Salim, Kaldone
Reyes González, Luis Alberto



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